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Datos 7 min de lectura

Por qué el ROAS promedio de tu cuenta te está mintiendo

Cuando mezclás campañas de marca con campañas de captación, el número que ves es real y al mismo tiempo inútil. Cómo separar para poder decidir.

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Casi todas las cuentas que auditamos llegan con la misma foto: un panel de plataforma abierto, un retorno de inversión publicitaria general y una conversación construida alrededor de ese número. Si sube, el mes fue bueno. Si baja, hay que optimizar. Es una forma cómoda de mirar y una forma muy mala de decidir.

El motivo es simple. En esa misma cuenta convive gente que ya te conocía y estaba por comprar de todos modos, gente que te vio por primera vez la semana pasada, y gente que abandonó un carrito hace tres días. Esas tres situaciones tienen costos, plazos y valores completamente distintos. Promediarlas no produce un resumen: produce un número que no describe ninguna de las tres.

Qué esconde el promedio

Cuando el retorno general se ve saludable, casi siempre es porque las campañas de marca y de remarketing están levantando el promedio. Son campañas baratas que capturan demanda que ya existía. Mientras el promedio se mantenga alto, nadie mira que la captación de clientes nuevos —la única que hace crecer el negocio— podría estar completamente detenida.

El efecto inverso también pasa. Una cuenta que arranca a invertir fuerte en prospección ve caer el promedio y concluye que algo se rompió. En realidad está pagando el costo normal de conseguir clientes que antes no tenía. Sin la separación, la lectura correcta y la incorrecta se ven exactamente igual.

Un indicador que sube cuando reducís el crecimiento no es un indicador de crecimiento.

Cómo lo separamos

La estructura mínima que usamos en cualquier cuenta de ecommerce divide la inversión en tres bloques con expectativas propias:

  1. Marca. Búsquedas de tu nombre. Se mide por cobertura y costo de defensa, no por retorno: ese cliente ya te venía a buscar.
  2. Prospección. Público que no te conoce. Se mide por costo de adquisición de cliente nuevo y por cuánto compra ese cliente en los meses siguientes.
  3. Remarketing. Gente que ya interactuó. Se mide por recuperación y frecuencia, y se le pone techo: más presión no genera más demanda, sólo la adelanta.

Con esos tres bloques separados, la conversación de fin de mes cambia de tono. Ya no se discute si el número estuvo bien: se discute cuál de los tres bloques mover y por qué.

Lo que hay que arreglar primero

Nada de esto sirve si el dato no es confiable. Antes de reestructurar campañas revisamos que los eventos de compra estén bien enviados, que no haya conversiones duplicadas y que la tienda y la plataforma de medios cuenten lo mismo. Es una semana de trabajo poco lucida que evita meses de decisiones tomadas sobre datos que no eran.

Después sí: separar, definir qué esperamos de cada bloque, y mirar cada uno contra su propia expectativa. Menos elegante que un solo número en un tablero. Bastante más útil.

¿Querés que miremos algo parecido a esto en tu cuenta? Lo revisamos sin cargo en la primera conversación.

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